Edadismo o Prejuicios hacia la vejez

Dedica cinco minutos a reflexionar sobre cómo te imaginas a ti mismo/a dentro de unos años, cuando seas una persona mayor. Piensa en cómo crees que te sentirás, qué pensamientos tendrás, a qué dedicarás tu tiempo libre. Cuantos más detalles aportes, mejor. Te recomiendo que lo escribas en un papel. Aquí tienes un ejemplo:

“Cuando tenga 70 años me imagino como un anciano corriente, con algunos achaques pero espero que con buena salud. Desearía tener una vida plácida y tranquila, poder disfrutar de mi familia, ver a mis hijos con su vida construida. Me gustaría vivir en un lugar tranquilo y a apartado a ser posible, tal vez en un pueblo o aldea, un lugar donde pueda asomarme a la ventana y ver montañas. También me gustaría poder sentir que he vivido la vida disfrutando de todos los momentos posibles, pero sobretodo me gustaría poder decir que sigo teniendo las mismas ganas de vivir que con veinte o treinta años.”

¿Para qué o por qué realizar este ejercicio? Para darnos cuenta de nuestra percepción sobre esta etapa del ciclo vital y analizar los prejuicios que tenemos sobre ella.

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El concepto de edadismo, viejismo, gerontofobia proviene del término ageism (Butler, 1969). Hace referencia a los estereotipos, actitudes y prejuicios asociados a las personas mayores. Constituye la tercera gran forma de discriminación tras el racismo y el sexismo en la sociedad occidental.

Los estereotipos predominantes asocian el proceso de envejecimiento con la enfermedad, con el deterioro mental y con la falta de intereses vitales. A continuación se exponen algunos de ellos intentado relacionarlos con el texto inicial,  así como los contraargumentos basados en evidencias científicas:

  • Todas las personas mayores son iguales

“…me imagino como un anciano corriente.”

El concepto “corriente” podría ser asemejado a “normal”. Si entendemos la normalidad desde una dimensión social, ser mayor incluiría la manifestación de unos determinados comportamientos arquetípicos, que satisfacen las expectativas de lo establecido por el marco cultural. Sin embargo, sabemos que a lo largo de la existencia, se va incrementando la variabilidad interindividual, de modo que, a medida que se envejece, las personas van siendo cada vez más diferentes entre sí, existiendo una gran heterogeneidad.

  • Ser mayor está asociado a ser frágil, a estar enfermo y a mostrar incapacidad funcional.

“…me imagino con algunos achaques seguro, pero espero que con buena salud.”

El autor del texto da por supuesto que manifestará dolencias (la persona que redacta, utiliza la palabra “seguro” para enfatizarlo), en cambio existen ciertas dudas sobre si gozará de un buen estado de salud (“espero” tener buena salud).

En la mayoría de casos el estado de salud no se deteriora de forma brusca. Tres cuartas partes de las personas mayores de 65 años que presentan patologías crónicas, valoran positivamente su estado de salud y el 80% no necesitan ayuda para realizar actividades de la vida diaria.

  • Las personas mayores son percibidas como carentes de compromisos sociales o con actitudes de desinterés, lo que les hace estar solos y aislados.

“Me gustaría vivir en un lugar tranquilo y apartado a ser posible….”

Aunque también refiere: “Desearía….poder disfrutar de mi familia.”

La mayoría de personas mayores mantienen un contacto directo con familiares y cuentan con apoyos afectivos y sociales. Las relaciones interpersonales ejercen una función protectora ante las enfermedades. Las personas con mayor grado de apoyo social, gozan de un mayor estado de salud. Aunque en esta etapa existen factores que pueden comportar una menor frecuencia de contactos sociales (jubilación, viudedad,..), a su vez, hay mayor disponibilidad de tiempo lo que facilita mantener y mejorar la frecuencia de las relaciones sociales.

  • La vejez se asocia al deterioro cognitivo, a una incapacidad para aprender y a una mayor prevalencia de trastornos mentales como la depresión.

“Pero sobretodo me gustaría poder decir que sigo teniendo las mismas ganas de vivir que con veinte o treinta años”

El proceso de envejecimiento normal conlleva un declive en algunas áreas cognitivas, un enlentecimiento y una menor eficiencia del funcionamiento cognitivo. Pero otras áreas permanecen estables e incluso pueden mejorar. También se ha observado que los ancianos desarrollan habilidades sustitutivas de algunas de las áreas que declinan y que existe un amplio potencial de aprendizaje de algunas funciones, manteniéndose durante toda la vida. En el proceso de envejecimiento normal, la mayoría de los déficits de memoria son ligeros y suelen estar relacionados con aspectos como la motivación, la atención la velocidad y las estrategias de procesamiento.

Por otro lado, la prevalencia de depresión, en personas mayores no institucionalizadas, no es mayor que en otros grupos de edad. No es cierto que envejecer conlleve, necesariamente, mayor probabilidad de contraer trastornos mentales (exceptuando las demencias).

  • Ser mayor se asocia a una mayor rigidez psicológica o a una mayor incapacidad para adaptarse a los cambios.

No se ha encontrado ningún patrón que sea atribuible al paso del tiempo, la edad o el envejecimiento, en la forma de experimentar y expresar los afectos y emociones o en cómo varían nuestras actitudes e intereses. No existen grandes cambios globales en la personalidad a lo largo de la vida. Las principales dimensiones de personalidad se mantienen estables (únicamente hay un ligero descenso en las puntuaciones de extraversión y un aumento en la estabilidad emocional). En cambio, se ha demostrado que se goza de abundantes recursos de afrontamiento y adaptativos para responder a las demandas de la vida.

  • Las personas mayores no tienen necesidades sexuales.

La sexualidad es una función del ser humano que está presente siempre. En esta etapa del ciclo vital el componente psicológico tiene más peso que el físico y la sexualidad se entiende en un sentido más amplio que el de actividad orientada a coitar. Los cambios fisiológicos sexuales asociados a la vejez son muy variables pero, en general,  permiten mantener actividad sexual, incluso coital. El grado de satisfacción sexual no disminuye, necesariamente, a lo largo de los años y los problemas fisiológicos de la sexualidad en la vejez tienen, mayoritariamente, soluciones sencillas. De este aspecto en concreto hablaré en futuras entradas.


 

Existen numerosas investigaciones que demuestran el impacto, que las imágenes sociales y los estereotipos sobre la vejez, tienen en la conducta y en la autopercepción de las personas mayores. Nuestra forma de entender el proceso de envejecimiento nos llevará a adoptar comportamientos acordes con la imagen que nos hemos creado. Es importante ser conscientes de que el individuo es un agente activo en su proceso de envejecimiento.

Es necesario continuar promoviendo campañas de sensibilización y de promoción de una imagen positiva de las personas mayores, así como continuar fomentando políticas de envejecimiento activo, con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

En el siguiente enlace se puede ver un debate sobre el edadismo, donde se analizan algunos prejuicios que no han sido mencionados en esta entrada.

¿Se discrimina a los mayores? http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-debate-se-discrimina-mayores/2191531/

Fuentes:

LOSADA BALTAR, Andrés (2004).”Edadismo: consecuencias de los estereotipos, del prejuicio y la discriminación en la atención a las personas mayores. Algunas pautas para la intervención”. Madrid, Portal Mayores, Informes Portal Mayores, nº 14. [Fecha de publicación: 28/02/2004].http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/losada-edadismo-01.pdf

SÁNCHEZ PALACIOS, Concepción (2004). Tesis doctoral “Estereotipos negativos hacia la vejez y su relación con variables sociodemográficas, psicosociales y psicológicas. Universidad de Málaga. http://www.biblioteca.uma.es/bbldoc/tesisuma/16704046.pdf

 

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Autorresponsabilidad

Actualmente, existe una mayor aceptación social respecto a solicitar atención psicológica. Ir al psicólogo ha dejado de tener una connotación negativa, gracias a la difusión de las enfermedades mentales y al mayor conocimiento del papel de la psicología en la promoción de la salud mental. No obstante, aún es frecuente acudir a pedir asesoramiento o iniciar una intervención,  cuando nuestro grado de malestar es muy elevado o cuando ya se ha instaurado una determinada sintomatología que nos impide desenvolvernos con efectividad en nuestra vida cotidiana.

Es importante tener en cuenta que la psicología también se centra en la prevención y que puede ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento personal.

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No siempre que nos sentimos angustiados, tristes o que mostramos algún signo de malestar emocional somos capaces de identificar la causa, pero otras muchas veces nos hacemos conscientes de que hay aspectos de nuestra vida o de nosotros mismos que nos gustaría modificar o mejorar, aunque no siempre sea fácil entregarse al proceso de cambio.

Utilizamos diferentes mecanismos para justificar nuestra inmovilidad atribuyendo, consciente o inconscientemente, nuestra responsabilidad a factores externos a nosotros, depositando en el futuro el momento de tomar las riendas de nuestra propia vida o, en el peor de los casos, intentamos silenciar nuestras necesidades y dejarlas aparcadas. Generalmente, estas estrategias, no suelen ser efectivas para conseguir nuestro propio bienestar.

¿Cuánto tiempo podemos permanecer anclados? La respuesta es sencilla, el tiempo que nosotros decidamos.

No siempre es fácil dar el primer paso. Cada uno de nosotros es capaz de lograr realizar los cambios necesarios para proveerse bienestar, sólo debemos querer y asumir la propia responsabilidad en el proceso. Es importante partir de esta idea cuando iniciamos una terapia.

El psicólogo nos ayudará a tomar consciencia y nos guiará en el análisis y en la toma de control de nuestros propios pensamientos, sentimientos y de cómo éstos condicionan nuestro comportamiento. Nos ayudará, también, a establecer prioridades, a generar expectativas alcanzables para satisfacer nuestras necesidades, a tomar decisiones e implementarlas de forma efectiva. Para ello pondrá en marcha diferentes estrategias concretas que nos ayudarán a movilizar nuestros propios recursos personales.

Es importante tener presente que para que la intervención tenga éxito, es necesario partir del compromiso con nosotros mismos y ser conscientes de nuestra responsabilidad en el proceso terapéutico, sin olvidar que:

“Cada semilla, sabe cómo llegar a ser árbol” (J. Bucay)

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Amor Incondicional

En la labor como padres es habitual tener dudas respecto al manejo de determinadas emociones, situaciones y comportamientos,  pudiendo generar una gran tensión en el ámbito familiar.

Nuestras expectativas pueden conducirnos a errar en la valoración que atribuimos a los comportamientos de nuestros hijos, confundiendo conductas típicas de la edad, con rasgos de su carácter. Por ello es importante conocer las características de las diferentes etapas en su desarrollo.

Ante la incertidumbre sobre cómo desarrollar nuestro papel como padres o sobre cómo gestionar una determinada situación, puede ser útil consultar con un psicólogo infantojuvenil.  Éste podrá valorar los diferentes factores que están influyendo en la aparición del conflicto, nos ayudará a entender cómo se genera o se mantiene un determinado problema y nos ofrecerá estrategias efectivas de manejo y pautas que nos ayuden a resolverlo o prevenirlo.

Los niños no saben diferenciar el enfado de los padres debido a su comportamiento, de sus sentimientos por ellos. Si utilizamos habitualmente un estilo punitivo y autoritario en nuestras interacciones aprenderán a utilizar el enfado y el autorrechazo como forma de gobernarse.

Por otro lado, la permisividad o indulgencia, el exceso de protección, la evitación de los conflictos tampoco los conducirá a la felicidad y a construir una buena autoestima. Los llevará a mostrar un perfil inseguro y poca autoconfianza. Este estilo les hará creer que la felicidad proviene de conseguir las cosas en el momento que las desean, objetivo difícilmente alcanzable.

El mayor legado como padres es conseguir que nuestros hijos sean felices y para ello es necesario promover su autoestima y también su  autonomía,  entendida como la capacidad de autogobernarse, de tomar decisiones y de llevarlas a cabo de forma efectiva y sin conflictos.

Pero el secreto más importante y que los convertirá en adultos felices, proviene de sentirse amado y digno de amor por parte de sus principales referentes.

¿Cómo conseguirlo? El amor incondicional se transmite:

  • Escuchándolos activamente, atendiendo sus quejas mostrando respeto y preocupación ante sus sentimientos o ante lo que les ocurre.
  • Brindándoles tiempo de atención positiva.
  • Mostrándoles afecto de forma manifiesta.
  • Permitiéndoles que cometan sus propios errores. Transmitiéndoles la idea de que el error es una oportunidad de cambio y no algo de lo que deban avergonzarse o sentirse culpables.
  • Fomentando el intercambio y la comunicación abierta.
  • Ejerciendo una disciplina inductiva, es decir,  ejerciendo nuestra autoridad de forma razonada y sometiéndonos al diálogo y la discusión.
  • Estableciendo límites claros y específicos que sean revisables y evaluables cada cierto tiempo.
  • Actuando como modelo: Admitiendo que no somos perfectos, pero valorándonos por lo que somos, siempre intentando mejorar y crecer.

La aceptación incondicional en la infancia, por parte de nuestros cuidadores principales, nos permite construir una personalidad sana. No hay que olvidar que no es el único factor influyente ya que, posteriormente,  se complementa con las valoraciones de otras personas significativas de nuestro entorno social más amplio. La importancia radica en que es un factor que sí podemos controlar en nuestro papel como padres.

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