La incertidumbre en la toma de decisiones

La vida es una continua sucesión de experiencias que ponen a prueba nuestra capacidad para tomar decisiones y adaptarnos a las circunstancias. Los cambios conllevan crecimiento y son una excelente oportunidad para tomar consciencia de nuestros valores, necesidades y prioridades, en resumen, para mejorar nuestro autoconocimiento.

La toma de decisiones es un proceso complejo en el que interviene el razonamiento y la emoción. Actualmente sabemos que antes del análisis racional de los costes y beneficios, actúan las emociones (consciente o inconscientemente). Éstas nos ayudan a simplificar la información, facilitando la evaluación de la situación, atenuando el conflicto entre alternativas parecidas y acelerando el proceso.

No siempre tenemos claro qué hacer, especialmente ante decisiones que generan incertidumbre,  son aquellas en las que tenemos una falta de certeza o conocimiento seguro, en las que percibimos un riesgo al no poder predecir los resultados. Existen múltiples situaciones en nuestra vida cotidiana que nos obligan a enfrentarnos a la ambigüedad como pueden ser cambios laborales, familiares, de residencia, etc.

Ante estas decisiones surge el estrés agudo en su forma adaptativa permitiéndonos generar alternativas de respuesta y movilizándonos para que pongamos en marcha recursos de afrontamiento.

Existen diferentes formas de enfrentar la incertidumbre y éstas dependen de cómo percibimos y procesamos la información. Si imaginamos una línea continúa, en un extremo se situarían las personas con baja tolerancia a la ambigüedad, éstas reaccionan con un elevado estrés, percibiendo la situación como amenazante, muestran preocupación ante las diferentes alternativas de respuesta y tienden a actuar de forma pasiva. La preocupación los mantiene entretenidos en la búsqueda de certezas. Cuando estamos preocupados, tendemos a maximizar las consecuencias negativas de las diferentes alternativas invalidando cualquier opción, lo que nos deja anclados y aún más angustiados por la necesidad de cierre (de encontrar una solución) y acabar con la incertidumbre. En el extremo opuesto estarían las personas que tienen una alta tolerancia a la ambigüedad y perciben las situaciones inciertas como estimulantes, deseables, como retos a afrontar activamente.

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Imagen obtenida de Flickr, propiedad de Juan Antonio Capó Alonso

¿De qué depende nuestra posición en esta línea imaginaria, de qué depende nuestra capacidad de decisión en este tipo de situaciones? ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra tolerancia a la ambigüedad?

Experiencia emocional previa en situaciones parecidas: Cuando valoramos las diferentes alternativas al tomar una decisión, se dan cambios somáticos automáticos (cambios en el cuerpo) en función de las experiencias vividas en primera persona o a través de la experiencia de otros. Es decir, asociamos la situación actual con una experiencia anterior y el cuerpo genera una señal. Estos cambios provocan un sentimiento positivo o negativo, nos guían en la elección de las alternativas posibles, reduciendo el número de opciones. Es lo que se denomina hipótesis del marcador somático (A. Damásio).

En la medida en la que sepas reconocer e interpretar las señales físicas podrás identificar con mayor claridad las emociones y sentimientos involucrados en la valoración de las diferentes alternativas. De esta forma aumentarás la eficacia de este sistema de alerta para, posteriormente, complementarlo con el análisis racional. Un primer paso puede ser mejorar el autoconocimiento emocional. ¿Sabes localizar las emociones en tu cuerpo?

Tolerancia a la frustración: El miedo a equivocarnos nos paraliza y contribuye a la preocupación patológica, esa que nos enreda en una ida y venida de pensamientos, alternativas y predicciones hipotéticas (¿y si….?) como mecanismo que alimenta la postergación de la decisión. No tomar una decisión ya implica un posicionamiento en el que, además,  delegamos el control propio a factores externos.

Si te centras en el proceso y no en el resultado, si analizas los recursos que tienes para hacer frente ante posibles errores y empiezas a percibir la ambigüedad como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento no será tan grave equivocarse. Pregúntate por qué no te permites equivocarte. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Consideras que tu valor depende de tus logros?

Autoestima: Muchas veces la indecisión proviene de la preocupación por la valoración externa, por lo que creemos que pensarán los demás, por la necesidad de agradar y obtener reconocimiento (tengo que…., debo de…). También de la propia autoevaluación negativa que nos impide valorar los datos de forma realista.

Busca tu aceptación, respeto y afecto. No podrás gustar a todo el mundo, tus decisiones siempre descontentarán a alguien. Pretender lo contrario te va a llevar a tener experiencias de fracaso, a estar en tensión continua en un intento de atender las necesidades de los demás y a perder tu propia identidad en el camino.

Flexibilidad cognitiva: Es la capacidad para  pensar en diferentes alternativas de forma simultánea y cambiar de estrategia cuando nuestro comportamiento no es eficaz para solucionar un problema.

Muchas veces nos atascamos en diferentes situaciones porque seguimos perseverando en una opción, no busques soluciones únicas, ni perfectas. Cuando te ocurra, cambia de estrategia si quieres conseguir un resultado distinto. Aprende a partir de la experiencia, para ello recuerda que tu concepción del error tiene una enorme influencia.

Autoeficacia: Es la percepción que tenemos de nuestra capacidad para realizar con éxito una determinada tarea. Las creencias que tenemos a cerca de nuestras capacidades para resolver los problemas influyen más en nuestro comportamiento que nuestras habilidades reales.

Detecta los mensajes negativos que te envías, cámbialos por mensajes de ánimo, empieza a creer en ti. Piensa en cómo resolviste otras situaciones complicadas en un ejercicio de tomar consciencia de tus recursos personales. No te marques metas inalcanzables, establece metas a corto plazo que te resulte fácil conseguir para favorecer experiencias de éxito. Busca un modelo positivo y analiza cómo consiguió lograrlo, qué obstáculos se encontró y cómo los resolvió.

Ansiedad: Surge de la anticipación de un daño futuro real o imaginario, es un sistema de alerta que tiene como objetivo movilizarnos para evitar, neutralizar, asumir o afrontar un riesgo. Cuando sobrepasa unos límites o se mantiene durante un tiempo prolongado puede convertirse en un problema de salud que interfiere de forma importante en nuestra vida y que requiere de intervención profesional. La mayor parte de personas que padecen niveles de ansiedad elevados tienen una baja tolerancia a la ambigüedad y muestran dificultades para tomar decisiones.

Para mantener la ansiedad en unos niveles aceptables y aumentar tu tolerancia a la ambigüedad puedes practicar ejercicio regularmente, mindfulness o pasear por entornos naturales, recuerda que el contacto con la naturaleza también tiene un efecto amortiguador del estrés.

“La vida tiene infinidad de opciones, no tienes que escoger siempre la que parezca mejor o la opción más cómoda, escoge aquella que te haga feliz.”


 

Fuentes:

Tabernero, C., Arenas, A., Cuadrado, E., Luque, B. (2014) Incertidumbre y orientación hacia los errores en tiempos de crisis. La importancia de generar confianza fomentando la eficacia colectiva. Papeles del Psicólogo, Vol. 35 (2). pp. 107-114

Martínez-Selva, J.M., Sánchez-Navarro J.P., Bechara, A., Román, F. (2006) Mecanismos cerebrales de la toma de decisiones(2006). Revista Neurología (2006), Vol. 42. pp 411-418

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Acerca de Silvia Cabrera

Psicóloga de orientación cognitivo-conductual abierta a herramientas terapéuticas de otras corrientes de la psicología con el objetivo de conseguir una intervención centrada en la persona y adaptada a sus necesidades concretas. Formación y experiencia porfesional específica en: - Psicología Infantojuvenil - Terapia Sexual y de Pareja - Psicogeriatría
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