¿Por qué lloras?

Quiero llorar porque me da la gana. (Federico García Lorca)

El llanto es una respuesta fisiológica que surge ante una emoción intensa, se da transculturalmente y constituye una de nuestras primera formas de comunicación. Nos permite captar la atención y conseguir la protección y proximidad de nuestros cuidadores principales ante situaciones que percibimos como amenazantes. Los bebés, además, lo acompañan de sonidos de alta frecuencia que también manifiestan crías de otras especies cuando reclaman a la madre.

Es curioso que aunque normalmente lo asociamos a una sensación de liberación, tendemos a reprimir las lágrimas. Culturalmente se han vinculado a una muestra de debilidad, inmadurez o falta de autocontrol y esas creencias pueden hacernos experimentar enfado, inquietud, ansiedad y llevarnos a buscar escapar de esa emoción lo más rápidamente posible.

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Imagen obtenida de Flickr, propiedad de Luz Adriana Villa

¿Qué pasa cuando lloramos?

Normalmente, antes de romper a llorar, se da un aumento de la frecuencia cardíaca, experimentamos una mayor tensión muscular y una mayor intensidad de la emoción subyacente, ya sea positiva o negativa. Tras romper a llorar el pulso se normaliza y se enlentece la respiración, lo que provoca un efecto relajante.

Las lágrimas que derramamos por causas emocionales contienen hormonas relacionadas con el estrés como la prolactina, la adrenocorticotropina y la leu-encefalina. En cambio, las lágrimas que secretamos de forma contínua para mantener húmeda la córnea o las lágrimas reflejas, aquellas que segregamos cuando, por ejemplo, hace frío, tenemos una herida o estamos expuestos a gases irritantes; tienen un contenido menor. No obstante, la diferencia en el contenido hormonal de las lágrimas no parece ser del todo significativa para respaldar el posible efecto liberador del llanto.

Todos hemos visto alguna película que nos ha dejado literalmente “hechos polvo” (me viene a la memoria por ejemplo El Pianista o Hachiko) y después de pasarnos la película casi entera llorando e incluso, a veces, un buen rato después, no hemos conseguido sentirnos liberados, sino más bien, todo lo contrario.

Algunas investigaciones respaldan la creencia de que el llanto no provoca ningún efecto liberador. Se ha observado, por ejemplo, que genera algunos efectos negativos como la disminución de los anticuerpos.

¿Pero y entonces? ¿Es bueno o malo dejar fluir las lágrimas?

Reprimir las emociones, en general, no es un hábito positivo, nos puede conducir a tener altos niveles de ansiedad e incluso a sufrir somatizaciones. Como siempre es interesante escuchar qué es lo que nos intenta comunicar esa emoción e intentar averiguar cuál es su función.

En el caso del llanto, la función principal es comunicativa. Actúa como señal de alarma y promueve recibir atención por parte de los que nos rodean. Nos sentimos mejor después de llorar si lo hacemos delante de una única persona porque favorece recibir atención positiva en forma de mensajes compasivos o conductas alentadoras y de afecto, como por ejemplo, abrazos. Esta atención parece diluirse si tenemos más de un observador.

En caso de no contar, en el momento del llanto, con alguien que pueda prestarnos atención o si preferimos expresar nuestras emociones en soledad, tras haber dejado que se manifieste y nos revele la emoción que lleva asociada, puede resultar beneficioso realizar algún tipo de actividad que implique prestarnos atención positiva y que resulte gratificante para ayudarnos a cambiar nuestra tonalidad afectiva.

Cuando el llanto es frecuente y va asociado a dificultades para dormir, si notas que estás habitualmente cansado y con pocas ganas de hacer planes, si estás más irritable y nervioso o notas que ha disminuido tu rendimiento académico o laboral puede estar alertando de algún problema emocional que hace recomendable la ayuda profesional.


Referencias

Marcschall, J. (2011). El lenguaje de la lágrimas. Mente y Cerebro, 47, p. 66-71

Majluf, A. (1998). Llanto del adulto. Revista de Psicología de la PUCP. Vol. XVI,2

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Acerca de Silvia Cabrera

Psicóloga de orientación cognitivo-conductual abierta a herramientas terapéuticas de otras corrientes de la psicología con el objetivo de conseguir una intervención centrada en la persona y adaptada a sus necesidades concretas. Formación y experiencia porfesional específica en: - Psicología Infantojuvenil - Terapia Sexual y de Pareja - Psicogeriatría
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