Resiliencia

La resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e, inclusive ser transformado por ellas (Grotberg, 1995). Se forja a través de la interacción del individuo con su entorno, en un contínuo proceso de cambio y desarrollo. Actúa como un escudo protector ante situaciones adversas que generan malestar emocional, ayudándonos a desarrollar recursos de afrontamiento para adaptarnos a ellas.

En la infancia, como en cualquier otra etapa del ciclo vital, se dan situaciones que pueden alterar el equilibrio interno, comprometiendo el desarrollo y poniendo a prueba la capacidad de adaptación al estrés. Dejando a un lado situaciones graves como el abuso, maltrato, etc., los estresores más frecuentemente vivenciados por los niños, en relación a los diferentes contextos en los que habitualmente interaccionan, se pueden agrupar en tres ámbitos (Moreno; del Barrio, 1995):

En el ámbito familiar los principales estresores son el nacimiento de un hermano/a, los conflictos paternos, las enfermedades y/o fallecimiento de familiares.

En el ámbito escolar las situaciones que generan malestar son el cambio de colegio o de ciclo educativo, la repetición de un curso, cambios de profesores y dificultades de rendimiento en una o más asignaturas.

En el ámbito social: Los principales acontecimientos estresantes son la pérdida de amistades, el ingreso en un nuevo grupo, el comienzo de nuevas actividades, el inicio de relaciones con pares del sexo opuesto y la hospitalización.

Existen, además, otras contrariedades habituales (perder cosas,  discutir con un amigo, tener dificultades con los deberes, etc.) que, pese a ser de menor intensidad, pueden acabar ejerciendo un efecto acumulativo y desencadenar la misma respuesta que un acontecimiento de mayor intensidad.

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Imagen obtenida de Flickr, propiedad de Quique Aparicio

¿Cómo podemos ayudar a que los niños/as desarrollen esta capacidad?

La resiliencia es una capacidad que se puede aprender. Es importante recordar que ser capaz de afrontar con éxito las dificultades de la vida no les eximirá de experimentar emociones negativas, pero sí les ayudará a afrontar esos sentimientos y a reponerse de ellos con éxito.

Para ello, podemos tener en cuenta los siguientes consejos:

  • Establece un vínculo seguro: Es importante que se sienta seguro/a física y emocionalmente, bríndale protección cuando se sienta mal, muéstrate accesible y sensible a sus necesidades. Permítele que se exprese emocionalmente y dale valor a sus sentimientos, no los ignores. Muéstrale afecto física y verbalmente de forma incondicional.
  • Ayúdale a desarrollar un buen autoconcepto y autoestima: Ayúdale a que se haga consciente de sus potencialidades, envíale mensajes positivos y evita compararlo. Valora con honestidad sus logros y no le identifiques con sus errores. Permítele desarrollar su autonomía y autoconfianza a través de la tuya propia, confía en sus posibilidades.
  • Evita sobreprotegerlos: Cuando lo haces puedes estar mermando su autoestima haciéndole creer que, por sí solo/a, no podrá enfrentarse a determinadas situaciones. No satisafagas todas sus necesidades o intentes evitar todos los riesgos. Déjale libertad para cometer errores y oportunidades para tomar decisiones. Es importante que se enfrente a situaciones que le permitan experimentar, tolerar y aprender a gestionar la frustración. Enséñale a cuidar de sí mismo/a.
  • Enséñale a generar estrategias para resolver los problemas:  Aprovecha las situaciones cotidianas para modelarlo/a en la gestión de conflictos, gestiona los problemas familiares abiertamente y hazle participar. Enséñale a reflexionar, a ser creativo y flexible a la hora plantearse diferentes alternativas. También es importante que le ayudes a hacerse responsable de sus decisiones  estableciendo una valoración de las posibles consecuencias.
  • Enséñale a fijarse metas realistas: Dividiendo sus objetivos en submetas que sea capaz de cumplir y reforzando sus logros. Ayúdale a analizar los errores y a interiorizar que son necesarios y que forman parte del proceso natural de aprendizaje.
  • Genera rutinas, promueve espacios para el ocio y la relajación: Organiza las rutinas de forma que tengan tiempo para jugar de forma libre, para relajarse y para desarrollar su creatividad. Recuerda que el contacto con espacios naturales tiene un efecto amortiguador del estrés y otros múltiples beneficios en su desarrollo.
  • Fomenta el contacto social: Promueve su interacción con la familia extensa, implícale en actividades que le permitan relacionarse y hacer amigos. Hazle participar en experiencias que le permitan ayudar a otras personas para cultivar su empatía y solidaridad. De esta forma le estarás ayudando a generar una buena red social de apoyo.

Por último, actúa como modelo,tu forma de reaccionar ante las adversidades marcará la forma en la que tus hijos/as lo hagan. Enséñales que las emociones y las situaciones son caducas, que los cambios son naturales y forman parte de la vida, que representan oportunidades para conocernos mejor y desarrollar nuevos recursos y que la mayoría de cosas que nos ocurren son fruto de nuestros actos y decisiones.

“No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios”. Charles Darwin.


Fuentes:

del Barrio, V. (2010). El estrés en el niño. Atrapados por el estrés. Revista Crítica, nº 968, pp. 36-41

McClain, B. (2007). Building Resilience in Children. American Academy of Pediatrics. Healthy Children, pp. 8-10.

Munist, M., H. Santos, M. A. Kotliarenco, E. N. Suárez Ojeda, F. Infnte y E. Grotberg. Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes. OPS/OMS, 1998.

Trianes Torres, M. V., Blanca Mena, M. J., Fernández Baena F. J., Escobar Espejo, M.,  Maldonado Montero, E. F. y Muñoz Sánchez A. M. (2009). Evaluación del Estrés Infantil: Inventario de Estresores Cotidianos (IIEC). Psicothema, vol. 21, nº 4, pp. 598-603

Guía de resiliencia para padres y maestros de la APA (American Psychological Association). 

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Acerca de Silvia Cabrera

Psicóloga de orientación cognitivo-conductual abierta a herramientas terapéuticas de otras corrientes de la psicología con el objetivo de conseguir una intervención centrada en la persona y adaptada a sus necesidades concretas. Formación y experiencia porfesional específica en: - Psicología Infantojuvenil - Terapia Sexual y de Pareja - Psicogeriatría
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